Hardware para comercios

Impresora de etiquetas: cómo elegir y armar etiquetas de precio y de góndola

Cómo elegir una impresora de etiquetas para tu comercio, la diferencia con la balanza etiquetadora y qué tiene que llevar una etiqueta de precio para góndola.

Ilustración de una impresora de etiquetas de escritorio imprimiendo una etiqueta de precio con código de barras sobre el mostrador de un comercio
Ilustración de una impresora de etiquetas de escritorio imprimiendo una etiqueta de precio con código de barras sobre el mostrador de un comercio

Una impresora de etiquetas es un equipo aparte de la impresora de tickets: imprime etiquetas autoadhesivas con nombre, precio y código de barras sobre un rollo troquelado, no sobre el papel continuo de un ticket. La usás para ponerle precio a productos sin código de fábrica (fiambres fraccionados, ropa, bazar, reventa) o para reemplazar una etiqueta cuando cambia un precio. No es lo mismo que la impresora integrada de una balanza etiquetadora: son dos equipos distintos, con un flujo de trabajo distinto, que separamos en detalle más abajo.

Impresora de etiquetas standalone vs. balanza con impresora integrada

Hay dos caminos completamente distintos para tener etiquetas de precio en el mostrador, y conviene no mezclarlos al momento de comprar. El primero es una impresora de etiquetas de escritorio, comprada aparte, que se conecta a la PC y se maneja con un software de diseño de etiquetas: vos armás el diseño (nombre, precio, código de barras) y mandás a imprimir cuando hace falta. El segundo es una balanza etiquetadora: un equipo de pesaje que trae la impresora de etiquetas incorporada de fábrica y que imprime automáticamente la etiqueta con el peso pesado y el precio ya calculado, sin que nadie diseñe nada a mano cada vez.

La balanza etiquetadora resuelve un problema puntual (peso variable) que una impresora de etiquetas standalone no resuelve sola, porque no pesa nada: solo imprime lo que vos le mandás. Si tu necesidad es ponerle precio a productos por unidad (no por peso), una impresora de etiquetas de escritorio alcanza y sale más barata que sumar una balanza nueva. Si en cambio vendés por peso (fiambrería, carnicería, verdulería), lo que necesitás es una balanza etiquetadora, no una impresora de etiquetas suelta: sobre ese tema hay una guía aparte.

Térmica directa vs. transferencia térmica: cuál conviene para etiquetas de precio

Las impresoras de etiquetas de escritorio vienen en dos tecnologías. La térmica directa imprime calentando puntos del cabezal sobre un papel químicamente sensible al calor: no usa cinta ni tinta, es más barata de operar, pero el texto se va oscureciendo o borrando con el sol, el calor de una vidriera o el roce después de varias semanas. Para una etiqueta de precio que rotás seguido (cambia de precio, cambia de producto), esa duración alcanza de sobra.

La transferencia térmica usa una cinta (ribbon) que se funde sobre una etiqueta de material sintético o de papel más resistente: cuesta un poco más por etiqueta (hay que reponer la cinta además del rollo), pero el resultado no se borra con el tiempo ni con la luz. Tiene sentido para etiquetas que van a durar meses (código interno de un artículo de bazar, ferretería o librería) o que van a estar expuestas al sol de una vidriera por mucho tiempo. Para una etiqueta de precio de almacén que cambia cada tanto, la térmica directa es la opción lógica.

Qué mirar antes de comprar una impresora de etiquetas

Cuatro datos técnicos definen si una impresora de etiquetas te sirve o te queda corta:

  • Resolución (dpi): a más puntos por pulgada, más nítido sale un código de barras chico. 203 dpi es el estándar para etiquetas de precio de tamaño normal; 300 dpi suma nitidez para etiquetas más chicas o con letra fina.
  • Ancho de impresión: define el ancho máximo de etiqueta que podés usar. Un modelo de escritorio típico imprime hasta 4 pulgadas (unos 104mm) de ancho, suficiente para casi cualquier etiqueta de góndola.
  • Sensor de etiqueta: el sensor de brecha (gap) detecta el espacio entre etiquetas troqueladas; el sensor de marca negra detecta una franja impresa en el reverso del rollo. Sin uno de los dos, la impresora no sabe dónde termina una etiqueta y empieza la siguiente.
  • Conectividad: el mínimo es USB. Algunos modelos de gama media agregan Ethernet, Wi-Fi o Bluetooth como opción, útil si la impresora no va a estar al lado de la PC.

Como referencia de specs reales del segmento: Zebra publica su ZD230 con impresión térmica directa/transferencia térmica, resolución de 203 dpi (8 puntos por mm), ancho de impresión de 4 pulgadas y velocidad de hasta 6 pulgadas por segundo (152mm/s), pensada explícitamente para etiquetado de góndola y de precio, entre otros usos.

CriterioImpresora de etiquetas standaloneBalanza con impresora integrada
Para qué sirveProductos por unidad: fiambres envasados, ropa, bazar, reventaProductos por peso: fiambre al corte, carne, verdura
Quién arma la etiquetaVos, con un software de diseño de etiquetas en la PCLa balanza sola, con el peso y el precio ya calculado
Cómo llegan los preciosLos cargás o los imprimís a demanda desde tu PCSe exportan desde el catálogo al software del fabricante de la balanza
Ejemplo de marcaZebra, entre otras marcas de impresoras de etiquetasSystel, Kretz, con su propia impresora incorporada

Qué tiene que llevar una etiqueta de precio

Más allá del diseño gráfico, una etiqueta de precio de góndola cumple mejor su función cuando incluye:

  1. Nombre del producto, corto y legible a distancia (letra grande, sin abreviar de más).
  2. Precio, en el tamaño más grande de la etiqueta: es lo primero que busca el cliente.
  3. Código de barras (EAN-13 si el producto ya tiene código de fábrica, o un código interno si no lo tiene) para que el lector del mostrador lo levante sin escribir nada a mano.
  4. Precio por unidad de medida cuando aplica (por kilo, por litro), útil para que el cliente compare entre marcas.

El software de diseño de etiquetas que trae cada fabricante (por ejemplo, el de Zebra) arma este layout una sola vez como plantilla y después solo cambia el texto variable; no hace falta rediseñar la etiqueta cada vez que cambia un precio.

Lo que vimos en instalaciones

Con balanzas etiquetadoras (no con impresoras de etiquetas standalone) vimos en instalaciones reales cuánto puede fallar en silencio una cadena que en el papel parece simple. En un comercio con tres balanzas conectadas, un export de catálogo salió perfecto desde la PC (109 artículos, 5.688 bytes) y se importó entero en el software del fabricante, pero solo una de las tres balanzas terminó con los precios nuevos: las otras dos se quedaron con precios viejos, y el mensaje de log decía "equipos sincronizados: 2", que en realidad significaba "se sincronizó el equipo número 2", no "se sincronizaron dos equipos". El comercio estuvo convencido toda la mañana de que había exportado bien. También encontramos que el campo de precio de fábrica de uno de esos programas solo admitía hasta $9.999,99, algo que con los precios argentinos actuales trunca precios reales si nadie lo reconfigura antes. Ninguno de los dos problemas se ve a simple vista: la etiqueta sale igual, solo que con el precio equivocado.

Cómo lo maneja YoFacturo

El agente local de YoFacturo no imprime etiquetas de precio por sí mismo en una impresora de etiquetas genérica: eso lo maneja el software de diseño de etiquetas de cada fabricante, aparte del sistema. Lo que sí hace el agente, cuando el equipo es una balanza etiquetadora (Systel o Kretz), es exportar el catálogo de productos vendidos por peso cada 5 minutos, en el formato que ese software espera, y dejar configurada automáticamente la importación y la transmisión hacia las balanzas físicas, corrigiendo de paso un par de errores de fábrica típicos que truncan precios o desalinean el código de barras. Para productos que vendés por unidad, el precio y el catálogo siempre salen del sistema; imprimir esa etiqueta en una impresora de etiquetas aparte queda del lado del software del fabricante de esa impresora. Podés ver el resto del hardware que reconoce el agente en la página de descargas.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre una impresora de etiquetas y una impresora térmica de tickets?

La de tickets imprime sobre un rollo continuo de papel térmico y saca un comprobante largo cada vez. La de etiquetas imprime sobre un rollo de etiquetas autoadhesivas ya troqueladas (o con marca negra), del tamaño exacto de la etiqueta, y arranca justo donde termina la anterior. Una no reemplaza a la otra: cumplen tareas distintas en el mismo mostrador.

¿Sirve cualquier impresora térmica para imprimir etiquetas de precio?

No de forma directa. Una impresora térmica de tickets común no tiene sensor para detectar dónde empieza y termina cada etiqueta troquelada, así que corta en el lugar equivocado o desperdicia papel. Para etiquetas autoadhesivas hace falta una impresora pensada para ese formato, con sensor de brecha o de marca negra.

¿Qué es la impresión térmica directa y por qué se borra la etiqueta con el tiempo?

La térmica directa imprime calentando puntos del cabezal sobre un papel químicamente sensible al calor, sin cinta ni tinta. Es la tecnología más usada para etiquetas de precio de corta duración, pero esa misma sensibilidad química hace que el texto se oscurezca o se borre con el sol, el calor o el roce después de varias semanas.

¿Necesito una impresora de etiquetas si ya tengo una balanza etiquetadora?

Para lo que pesás en el mostrador, no: la balanza etiquetadora ya imprime su propia etiqueta con el peso y el precio calculado. Una impresora de etiquetas aparte te sirve para lo que vendés por unidad y no pasa por la balanza: fiambres envasados, ropa, artículos de bazar o cualquier producto sin código de fábrica.

¿Qué tamaño de etiqueta conviene para góndola?

Depende del producto y de cuánta información necesitás mostrar. Una etiqueta chica (30x20mm o 40x30mm) alcanza para nombre corto, precio y código de barras EAN-13. Si además querés mostrar precio por kilo, promoción o vencimiento, conviene pasar a un tamaño mayor para que el código de barras no quede apretado y siga siendo legible para el lector.

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Fuentes

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